Mis padres murieron buscando a su hijo Manuel
Yo tenía 6 años. Recuerdo a mamá sentada en el sillón de nuestro pequeño salón, apoyando su frente, cabizbaja, sobre su mano. Así se pasaba mucho tiempo, durante días, triste, lloriqueando, paralizada. Había perdido a su bebé nada más nacer. Y recuerdo a papá diciéndole “Ya, Alejandra, no podemos seguir así, tienes que seguir adelante”.
Mis padres se llaman, se llamaban porque ya han fallecido, Alejandra y Francisco. En aquel momento éramos tres hermanos de 4, 6 y 7 años. Me viene a la memoria la ilusión de ver crecer la tripa a mi madre, y cuando tuvo el antojo de comer pipas todas las tardes mientras nos sentábamos a ver en la tele el episodio de los payasos Gabi, Fofó y Miliki. Era un momento especial, todos juntos y mi madre feliz.
Cuando mi hermano Manuel nació lo pudo ver mi tía. Ella siempre ha dicho que era un niño hermoso y nada pequeño. Enseguida se lo llevaron diciendo que tenía algún problema de salud, y así mi madre pasó los tres días en el hospital sin poder verlo. No lo pudieron ver ni esos tres días ni tampoco los 15 días siguientes, hasta que les dijeron que había fallecido. Era el 7 de Julio de 1969. Mi padre siempre contaba que iban a diario al hospital, preguntaban por él y siempre, siempre, les decían que no podían verlo, que tenía que estar en cuidados y que estaba muy malito. Y el médico le decía que se consolara, que ya tenía tres hijos y le preguntaba si éramos hijos sanos. Mi padre continuamente se ha echado la culpa de por qué no exigió más, pero estaba tan asustado de que le pasara algo a su niño que confío plenamente en el hospital. Creo que no se le pasó por la mente en esos momentos tan difíciles que todas esas personas le pudieran estar engañando, haciendo esa aberración. Creo que le era imposible imaginárselo y confió. Confió por su niño, por la salud de su bebé. Yo siempre se lo he querido decir así.
¿Cuándo empezó a dudar mi padre? Muchos años después al escuchar en la televisión casos similares. El recuerda que le sucedió lo mismo que en ellos: una monja le mostró, en un pasillo, a un niño envuelto, al que a duras penas se le veían un poquito los ojitos, muy chiquitito y que notó que estaba heladito cuando le pudo dar un beso. Quiso abrazarlo y la monja se echó a correr hacia el fondo del pasillo diciendo que se lo tenía que llevar.
Mi padre no ha dejado de buscar a su hijo. No ha faltado ni un domingo cuando hacíamos la concentración en la Plaza de La Seo. Ha intentado buscar información, pero ha sido muy duro no poder conseguir nada. En el hospital donde dio a luz mi madre, no han facilitado información, por más que se ha solicitado presencialmente, por correo o por formulario de solicitud facilitada por ellos. Únicamente hemos podido conseguir alguna documentación contradictoria, ya que en una indica que falleció en casa y en otra que falleció en el hospital.
Mi padre también logró que hubiera exhumación. Los huesos encontrados no se corresponden con el ADN de mis padres, y la ropita que entregó mi madre para que vistieran al bebé se encontraba depositada sobre los huesos, plegadita, sin haber sido puesta.
Mis padres se han ido luchando por encontrar a su hijo y sin conseguirlo. Fue, y es, durísimo verlos y recordarlos con esa gran pena.